En el capítulo anterior: Adelaida y Señorito interrumpen bruscamente su sesión con Lucía, dejándola temblando y exhausta en el colchón. La atención de Adelaida se centra entonces en Carlota, quien sigue arrodillada y sumisa, con un consolador en la boca. Adelaida se acerca, su presencia imponiéndose sobre Carlota, y la posiciona con firmeza, marcando su dominio. Sin preámbulos, introduce un consolador en el ano de Carlota, penetrando profundamente y provocando una mezcla de dolor y placer. Carlota, con el consolador aún dentro, recibe la orden de limpiar los fluidos de Lucía del cuerpo de Adelaida. Su vacilación es castigada con un tirón brutal del cabello, forzándola a obedecer. Con la mano de Adelaida presionando su espalda y el consolador en su interior, Carlota es empujada a lamer los fluidos, su humillación y sumisión reaching un nuevo nivel. La doble penetración y la degradación la sumergen en un placer oscuro, arqueando su espalda en silencio, pidiendo más sin palabras. La habitación se llena con los sonidos de su sumisión, creando una melodía sádica que marca su completa rendición.
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La casa del placeton:
📖 Capitulo 17, "Sinfonia de metal y carne"
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"El aire de la habitación era denso, caliente y cargado de olor a sexo: una mezcla espesa de coños mojados, culo dilatado y sudor. Carlota, arrodillada y completamente sometida, lamía con desesperación el abdomen de Adelaida, intentando borrar hasta el último rastro de los fluidos de Lucía. Su lengua plana y caliente recogía los hilos viscosos de corrida que aún brillaban sobre la piel tersa de su sobrina."
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El enorme consolador de silicona negra del arnés de Adelaida estaba enterrado hasta la base en el ano de Carlota. Cada vez que la tía se movía, el grueso falo la abría sin piedad, estirando su esfínter rojo e hinchado en un círculo perfecto y brillante de saliva y lubricante. El dolor ardiente se mezclaba con un placer sucio y profundo que la hacía babear.
Adelaida, fría y sádica, sujetaba con fuerza el cabello de su tía, usándolo como correa. Con la otra mano cogió el pesado vibrador de metal plateado de la mesita. Lo encendió. El zumbido grave y potente inundó la habitación.—Limpia bien, puta. Quiero que no quede ni una gota de la leche de Lucía en mi cuerpo —ordenó con voz gélida.
Carlota gimió contra la piel de su sobrina cuando sintió la cabeza fría y dura del vibrador presionar entre sus labios vaginales hinchados y enrojecidos. Su coño estaba empapado, chorreando hilos transparentes de excitación que le corrían por los muslos. Adelaida no tuvo piedad: empujó el vibrador de un solo movimiento, metiéndolo hasta el fondo en el apretado y caliente interior de su tía.—¡Ahhh! ¡Joder! —gritó Carlota, con la boca todavía pegada al vientre de Adelaida.
Ahora estaba completamente llena: el grueso consolador negro violando su culo hasta las entrañas y el vibrador metálico martilleando su coño. Las vibraciones potentes viajaban a través de la fina pared que separaba ambos agujeros, haciendo que su clítoris palpitara con fuerza y que su ano se contrajera violentamente alrededor de la silicona.
Adelaida empezó a follarla con el vibrador sin compasión, entrando y saliendo con movimientos rápidos y profundos mientras giraba la muñeca para que la cabeza metálica golpeara directamente contra el punto G de su tía. El sonido era obsceno: schlick-schlick-schlick, el metal brillante salía cubierto de crema espesa y blanquecina que Carlota expulsaba sin control.—Estás chorreando como una perra en celo —se burló Adelaida, tirándole más fuerte del pelo—. Mira cómo te gotea el coño. Todo el suelo está mojado con tus fluidos.
Carlota ya no podía pensar. Su lengua lamía frenéticamente los restos de corrida de Lucía, tragándoselos mientras su cuerpo era destruido de placer. Sus tetas pesadas colgaban y se balanceaban, los pezones duros como piedras. De su coño brotaba cada vez más crema, resbalando por el vibrador y goteando en gruesos hilos hasta formar un charco debajo de ella.
Adelaida cambió el ángulo, presionando el vibrador hacia arriba con fuerza, atacando sin descanso ese punto hinchado y sensible. Al mismo tiempo, empezó a mover las caderas, follando el culo de Carlota con el arnés en estocadas cortas y brutales.
El orgasmo golpeó a Carlota como un tren.Sus ojos se pusieron en blanco. Un gemido gutural y largo brotó de su garganta mientras su coño se contraía violentamente alrededor del metal. De repente, un chorro potente y caliente salió disparado de su vagina, empapando el vibrador, la mano de Adelaida y el suelo. No paraba. Squirt tras squirt, su cuerpo se convulsionaba mientras Adelaida seguía follándola sin detenerse, prolongando el orgasmo hasta que Carlota lloraba y babeaba, completamente rota.
—Así, córrete como la zorra que eres —gruñó Adelaida, sin sacar ni el vibrador ni el consolador—. Sigue limpiando mientras te meas de placer.
Carlota, con la cara empapada de lágrimas, saliva y fluidos, siguió lamiendo con la boca abierta, tragando y gimiendo, convertida en un simple juguete tembloroso y chorreante. Su ano palpitaba alrededor del grueso falo, su coño escupía crema y squirt con cada espasmo, y su mente se había disuelto por completo en la voluntad cruel y excitante de su sobrina.
La melodía sádica había alcanzado su punto más alto, y Carlota era solo un instrumento destrozado, empapado y vibrante de placer y humillación.
Por: © Mary Love
"Las historias que cuento generalmente son ficciones sacadas de mi imaginación; algunas inspiradas en historias que me mandan mis seguidores. Espero que mis relatos te hagan soñar y cumplir tus fantasías. Si te gustan mis relatos compártelos con tus amigos, quizás les ayudes a salir de su rutina.
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