HABIA LLEGADO A la isla de Menorca, a un Hotel pequeñito de 40 habitaciones en un acantilado con vistas a una cala de esas que salen en las películas bañada por un azul mediterráneo. Laura, mi jefa, asesora financiera internacional me habia enviado a inspeccionar si era viable la compra del hotel, su estado de conservación y si seria factible hacer la inversión de 20 millones de euros, pues un grupo alemán estaba interesado en la compra. Yo soy Victor, tengo 48 años y soltero, soy su asesor y hombre de confianza de Laura, pues buceo bastante bien en las esferas del poder financiero y político de esta vieja Europa.
El Hotel es propiedad de dos hermanas, Clara y Natalia su padre lo construyo después de la guerra civil española. Ellas lo heredaron a morir su padre y su madre en un accidente.
Clara de 40 años, es la esposa de Javier de 42 años que se encarga del restaurante, y Natalia la hermana de Clara, diez años mas joven que ella, y doce años mas joven que Javier, su cuñado. Varios camareros, dos jardineros y cuatro camareras de piso componen la plantilla de trabajadores.
Clara y Javier habían sido padres hace un año, tenían una niña preciosa, aun le daba de mamar la leche de sus pechos. Aunque el matrimonia habia caído en el aburrimiento y la desidia. Natalia era soltera y madre de un bebe de dos meses, un surfista noruego la dejo embarazada y no quiso saber nada de ese compromiso.
Cuando fui a mi habitación estaba rendido, la “visita” a los pisos del hotel me habían castigado bastante y para rematar en la terraza, a pleno sol, me tosté la espalda y el culo, aunque Clara sufrió más, ya que, estando tumbada, se puso como una gamba roja de Denia.
Su hermana lo comprendió enseguida, al verla blanca por delante y roja por la espalda, dedujo que yo había sido el causante de esa postura y por su propia experiencia sabía que le había follado por el culo.
Aún así, todavía tardé en acostarme, ya que debía mandar un informe a Laura, mi jefa, quería que supiese puntualmente mis progresos. Le conté que había llegado bien y que por casualidad estaba hospedado en el mismo hotel que nos interesaba, en calidad de invitado. A mi jefa le gustó el plan y me aconsejó que aprovechara para recorrer las habitaciones, para ver si era rentable la restauración.
Le informé que ya lo había hecho y se admiró, aunque en seguida sospechó que mi inspección tendría algún matiz, y entre risas le dije que sí y que ya se lo contaría. Laura hizo como si se pusiera celosa, así que le prometí que la compensaría “largamente”, ella gimió sospechando a qué me refería, para luego reclamar que no solo quería “largamente” sino también “anchamente”. Aunque se dice que: "donde tengas la olla, no metas la polla" Laura y yo llevábamos un año follando con una complicidad que dejaban las cosas claras. A Laura le encantaba mi polla precisamente por mi tamaño, 27 centímetros y mi calibre ni muy gorda ni muy delgada la volvía loca, en especial esa leve curva hacia arriba con el glande esculpido, que cuando la penetraba rozaba en esa zona rugosa que a las mujeres le vuelven locas.
Cuando apagué la luz oí a lo lejos el lloro de la niña de Clara, seguramente tenía hambre y quería mamar, me relamí instintivamente al pensar en sus duros pezones. Me dormí enseguida y cuando me desperté miré el reloj, eran las seis de la madrugada y al parecer en la habitación de Clara había actividad. Imaginé que, a lo mejor, a Javier le había dado ganas de follar a su mujer, quizá animado por la alegría de vender el hotel, estuve atento y solo oí el murmullo de Clara contándole lo mucho que me había gustado las habitaciones, incluso la terraza.
Yo esperaba que él se motivara y la follara, pero me decepcionó, porque aunque ella estaba mimosa él se levantó con la excusa de que tenía que preparar los desayunos en el restaurante del hotel. Al momento oí cómo se duchaba, se afeitaba y salía hacia abajo.
No tardé en oír el roce de una mano en mi puerta, el abrir y cerrar silenciosamente, y el notar cómo alguien se metía en mi cama y me susurraba.
—Víctor, ¿estás durmiendo?
—Mmm. Casi.
—¿Has oído a mi marido?
—Sí, por desgracia.
—¿Y qué te parece?
—Al principio pensé que te iba a follar después de contarle lo que me enseñaste, aunque no todo, por suerte, jajaja, pero luego me decepcionó, me hubiera gustado oír cómo te corrías varias veces con él.
—¡Qué más da, es una vez de tantas!, pero lo de correrme varias veces no lo desestimo, por eso he venido a verte, quiero que tú me folles sin prisa y que me hagas volar entre nubes de algodón, jajaja.
—¿Y tu niña?
—Ya le he dado de mamar y duerme, mira como me gotean todavía las tetas, si quieres me sacas la leche y yo saco la tuya, ¿vale?
—¡Qué caliente estas!, me gusta, porque tienes algo que me encanta, esa picardía, esa mirada… mmm.
—No es picardía, es deseo de que me des tu polla y me hagas sentir el placer que Javier no me... jajaja.
—Vale, tús deseos son ordenes para mi, levanta las piernas hasta el pecho, y adivina por donde te va a entrar mi polla.
—Mmm, empiezas duro, ¿verdad?
—Ya lo verás.
—Pues no te tengo miedo, métela por donde prefieras.
—A tus órdenes… mi puta recién parida
Ella esperaba que se la clavara por el culo, pero la sorprendí metiéndola entre sus pliegues y los labios abiertos, lo cierto es que se hundió tan fácil que me extrañó, entonces le pasé la mano y me sorprendió no encontrar la melena pelirroja en su Monte de Venus.
—¿Eh, qué ha pasado aquí?
—Adivina, jajaja, me he depilado toda, ahora no vas a tener impedimento, y a la primera… para adentro. Jajaja.
—Joder, Clara, me sorprendes a cada momento, te la voy a meter hasta los huevos, luego no te quejes.
—Y si me quejo no me hagas caso, ¡adelante, fóllame hasta que te diga vasta!
La penetraba con la polla, la clavaba con fuerza y se hundía en el colchón, ella gemía, algunas veces con tono de dolor, aunque no se quejaba. Al momento me dijo que parara, pensé que ya no podía más, pero me dijo al oído…
—No me hagas gritar, creo que mi hermana está despierta, me parece que le está dando de mamar al peque.
Puse atención y le tuve que dar la razón a Clara, en la habitación de al lado se oían los chupetones que daba el niño de Natalia, ella murmuraba reprendiéndole para que no se atragantara, era una fiera chupando, se parecía a mí.
Seguí follándola muy suavemente y con mucho mimo, siguiendo el ruido de la boquita del pequeño, procuraba metérsela despacio y en el último momento darle un empujón a fondo, esto parece que le gustaba, ya que me cogía de las nalgas y me atraía hacia ella, para que se le clavara hasta los huevos.
Lo que no esperábamos ninguno de los dos fue que, un momento después se abrió la puerta de la habitación y después de oír unos pasos blandos, se quito el camison y entró en mi cama Natalia.
—¡Vaya!, ¿Qué hacéis aquí?, dijo sonriendo.
—Ya ves, follando. ¿Y tú a qué vienes, hermana?, le dijo Clara
—Pues, a lo mismo, ¡hacedme un hueco!
En un principio me sorprendió ver que Natalia ya venía casi desnuda sin sujetador ni bragas cubriendo su coño, pues el camisón dejaba trasparentar sus atribuiros femeninos. Vi que hablaba en serio y después de dar una mirada a la situación vio que le estaba metiendo a Clara toda la polla de golpe, así que me ayudó cogiéndome los huevos y animándome para que la hundiera más.
La verdad es que me gustó ver a Natalia tan lanzada, yo tenía ciertos remordimientos por haberla follado en el barco estando tan sensible, pero en realidad la chica sabía bastante del tema, así que casi no me extrañó nada al sentir su lengua pasando por entre mis nalgas, me estaba lamiendo el culo con la misma glotonería que se lo hice yo a ella, luego pasó a mis huevos y no contenta con eso siguió lamiendo toda la largura de mi miembro cuando iba saliendo del coño de su hermana, me extrañó que no dijera nada de que estuviera depilada y sospechando le busqué su entrepierna y me di cuenta de que ella también se había depilado, o sea que las dos se habían puesto de acuerdo en pelarse los coños y ofrecérmelos a mí, para que se los comiera y provocara sus orgasmos.
No sé si sería la primera vez que se lo hacía, pero a Clara le encantó que su hermana le lamiera el coño mientras yo se la metía. Le rodeaba el clítoris con la lengua, levantándole el capuchón mientras le amasaba las tetas, Clara seguía sujetándose las piernas al lado de su cabeza dejándonos hacer a Natalia y a mí.
La siguiente “travesura” de Natalia fue lamerle el culo a su hermana también y cuando yo saqué casi toda la polla de su coño tiró de ella y la encaró a su puerta trasera. Al mismo tiempo le tapó la boca por si gritaba. La sorpresa de Clara fue tal que no supo qué hacer, si gritar, gemir o jadear, porque Natalia le estaba lamiendo el coño con una avidez que la volvía loca, al mismo tiempo que yo me deslizaba dentro de ella, una vez que su esfínter se había relajado lo suficiente.
Clara no pudo resistir semejante “tormento” y se venía mojándonos a los dos, la peor parte se la llevó Natalia que recibió en la cara toda la ducha de su hermana, pero los dos disfrutamos viendo a Clara estremecerse de placer hasta quedar agotada.
Yo saque mi polla del culo de Clara y Natalia la relamió, estaba dura con solo ver a Clara convulsionar de gusto. Natalia me empujó para que me tendiera y se subió sobre mí, arqueando una de sus piernas enseguida empezó a deslizarse sobre mi polla como hizo en el barco, pero esta vez sin disimulo, le había gustado el juego y ahora arrastraba su coño por toda la largura de mi miembro y cada vez que retrocedía frotaba con fuerza mi capullo, le encantaba notar como mi glande rozaba su clitoris.
Cuando ya no podía más se la metió bien a dentro y empezó a subir y bajar, a la vez que se pellizcaba ella misma los pezones y me regaba con la leche abundante. Su hermana fue “resucitando” y al ver los chorritos de leche que caían sobre mí me fue lamiendo para que no se perdieran, tanto le gustó que fue siguiendo al chorro hasta que llegó hasta la fuente, los pezones de su hermana, los atrapó y fue chupando de ellos, procurando que no se le salieran de la boca porque Natalia no dejó de moverse sobre mí.
Yo busqué entre las piernas de Clara hasta localizar su coño palpitante y con la lengua separé sus labios y barrí desde el principio de su corte hasta llegar a su culo todavía dilatado, Clara se dejó caer y se sentó sobre mi cara, así aguantó como la lengua se perdía en su vagina atodo lo largo de su raja y chupando sus labios jugosos.
Natalia no pudo resistir el placer de mi polla en su coño y las chupadas de su hermana a la vez y se corrió abrazada a ella, fue un orgasmo de lo más familiar, Clara también se sacudió entre espasmos sobre mi cara. Al sentir mis palpitaciones advertí a Natalia que peligraba, porque no quería correrme en su coño.
Las dos acudieron en mi ayuda y se pegaron a mi polla vertical empapada con los jugos de Natalia, las dos se repartieron la polla con su lengua y esperaron hasta que comencé a vaciarme. Apenas salió mi leche al aire, ellas la recogieron con las bocas abiertas y tragaron para que no se perdiera.
Los tres quedamos agotados tendidos sobre las sábanas, y hubiéramos seguido así un buen rato, si uno de los niños no se hubiera despertado y las dos mamás tuvieron que ir a ver cuál de ellos era.
Me levanté tarde y quise bajar a desayunar al restaurante, pero ya estaban recogiendo las mesas y no quise que Javier el marido de Clara pensara que era un holgazán, así que cogí mi coche y me fui hacia el pueblo, allí desayuné en un bar y vi que había una farmacia en la acera de enfrente. Cruce la calle.
—Buenos días, ¿tienen ustedes saca-leches?
—Quiere decir…
—Sí, esas cosas que sirven para sacar la leche de los pechos de…
—Sí, sí, ya entiendo, ¿es para su señora?
—Pues… no, no es para mi señora, es para una joven mamá que tiene un problema gordo, bueno en realidad son dos, jajaja.
—Ah, ya entiendo, lo quiere para guardar la leche sobrante.
—Bueno eso ya no lo sé, aunque del sobrante me ocupo yo.
—¿Qué quiere decir?; que usted…
—Nooo, mujer, es broma, aunque no me importaría, jajaja.
—Mmm eso que dice me gusta, lo que yo hubiera dado para que me hubieran sacado la leche a mí también, yo tuve el mismo problema.
La farmacéutica se apretó las tetas y las balanceó con una sonrisa picarona.
—Jajaja ¡qué humor tiene usted! No es para mí, estoy hospedado en el hotel de la playa, donde está el restaurante.
—¡Ah!, ya sé, ¡entonces será para Clara!, aunque según recuerdo ella tenía el problema contrario, o sea que no le salía casi leche.
—Bueno no sé bien, me habré hecho un lío, como ahora está también su hermana…
—¿Ha venido Natalia?, qué alegría, somos muy amigas, oí que había tenido un bebé, creo que un niño.
—Sí, es un niño precioso, y si viera cómo mama…
—Entonces el saca-leches será para Natalia.
—Mire, ya no lo sé, el caso es que me lo han pedido y…
—Ya entiendo, creo que usted es muy tímido, y más si ha visto alguna teta… jajaja
—Sí, está en lo cierto, si veo una teta me pongo nervioso, no estoy acostumbrado, ya ve.
—No se preocupe, yo le ayudaré, le voy a explicar el funcionamiento de esto.
—Mejor, porque después de hacer el viaje, si no saben cómo funciona…
—Mire, por aquí se ponen las pilas y después se le da la vuelta y…
—Ah, ya sé, por aquí se llena de leche y… ¿esto para qué sirve?
—¡Ay, qué impaciente!, deje que le explique, este embudo se aplica al pezón de la madre y…
—¡Ah! ¿se tiene que poner en el pezón?, no lo sabía.
—Jajaja, ¿entonces, de dónde iba a sacar la leche?
—Ah claro, qué torpe soy, la verdad es que no me hago la idea.
—Sí, mire, es fácil, déjeme que le explique bien. Esto se aplica aquí, como yo lo hago.
—¿Sobre la ropa?
—No hombre no, ¡qué poca imaginación que tiene usted!
—Claro, como yo no lo he necesitado…, jajaja.
—Fíjese bien, espere un poco, a ver si hay alguien en la rebotica…
La farmacéutica miró dentro de la farmacia y me hizo pasar detrás del mostrador, luego, se desabotono la mitad de la bata blanca y se la abrió, debajo solo asomaba el sujetador de encaje que dejaba entrever el pezón bastante claro, yo me guardé de hacer ningún gesto de sorpresa y me hice el ignorante…
—Ah bueno, ya entiendo, se pone sobre el sujetador…, ya decía yo.
—No, hombre no, ¡hay que ver los hombres, qué torpes son algunos…!
—Sí, la verdad, lo reconozco, esto son cosas de mujeres, no sé para qué me han encargado esto a mí, pero si vuelvo sin ello…
—Tranquilo, hombre, yo se lo explicaré despacio, atienda bien, se tiene que quitar el sujetador, yo no me lo quitaré, pero me lo bajaré un poco, ahora acerco el aparato al pezón.
—Ella los tiene más grandes.
—Natural, y yo cuando tenía leche también lo tenía que parecía un dátil.
—Mmm, qué barbaridad, cómo crecen después.
—Y tanto, de todas formas, para que se haga una idea, mire cómo lo hago.
La chica se mojó dos dedos en la boca y puso saliva en su pezón, rodeándolo con los dedos, enseguida le creció duro y áspero.
—¡Vaya, eso no lo sabía yo!, entonces ¿quiere decir que con apoyar el aparato al pezón húmedo ya va?
—No, todavía no, hay que presionar el aparato y ponerlo en marcha.
—A ver, déjeme a mí…, primero se moja el pezón, ¿Así?
—Mmm, ssssi, más o menos.
—Y luego se aplica el aparato ¿así?
—No, tiene que poner el embudo sobre el pezón,
—Ah vale, empecemos otra vez, primero mojar el pezón… y luego…
—Mmm, si va tan lento se secará el pezón y no funcionará.
—Tengo una idea, vamos a ver… lo primero es mojar bien el pezón y luego...
La chica se había bajado la copa del sujetador completamente y me dejaba toda la teta en mis manos, así que la cogí con toda la mano y me acerqué con la boca y succione el pezón hasta tragarme hasta la areola oscura, con la otra mano le cogí de la cintura para que no huyera y le estuve lamiendo aquella maravilla, al principio intentaba separarse, pero al momento aflojó los brazos y me rodeó el cuello con ellos.
—Ya lo va entendiendo, ahora debe hacer lo mismo con la otra teta, ¡a ver cómo se le da!
Se desabrochó la bata por completo y la camisa, y los tirantes del sujetador cayeron sobre sus brazos, quedando las dos tetas expuestas frente a mi boca, le fui llevando hasta detrás de una estantería y allí le chupé las dos tetas hasta hacerle unos círculos rosados en las dos, tenía los pezones tan duros y largos que ella misma se los retorcía a gusto.
—Veo que usted no es tan torpe como pensaba, lo ha cogido a la primera.
—Sí, es que usted me ha hecho una demostración… eso de mojar los pezones con saliva me ha dado una idea estupenda, espero no haberle hecho daño.
—No, no se preocupe, al revés, a mí me gusta que los clientes se vayan bien informados.
—Sí es cierto, se lo diré a Natalia, de su parte,
—No, por favor, no le diga nada, que quede en secreto entre nosotros, ¿vale?
—Como quiera, pero sepa que si tengo alguna duda volveré.
—Sin problema, entonces se lo explicaré con más tiempo.
—Eso espero, dígame lo que le debo por favor.
—Le haré un buen descuento, para que vuelva a comprar.
—No sé, espero no necesitar nada de la farmacia, como no sean preservativos…
—Pues de eso tengo un gran surtido.
—Con la condición de que me explique cómo funciona eso, no suelo usarlos.
—No se preocupe, de eso entiendo también, cuando venga le enseñaré cómo se colocan.
—No le digo que no, adiós, buen día.
—Hasta pronto, caballero, me ha encantado conocerlo.
Estuve hablando con Laura, mi jefa, por teléfono, y le comenté que al parecer, la estructura del hotel estaba bien, por supuesto que había que hacer una inversión importante para cambiar las ventanas, las puertas, el mobiliario y hasta el ascensor, pero por lo demás tenía unas vistas únicas y estaba en un lugar privilegiado.
Cuando volví al hotel, ya era hora de comer, antes subí y me di una ducha, de paso le di el aparato a Clara, con la promesa de explicarle concienzudamente cómo usarlo, también a Natalia le iba a servir, así que debía esmerarme con las dos.
Javier nos había preparado un menú especial, al saber que mi inspección iba por buen camino nos preparó unas langostas enormes, hizo varios platos diferentes para demostrarme la calidad del restaurante y la variedad de platos, me admiré de que en un lugar tan apartado se pudiera comer tan bien, aunque al mirar alrededor se comprendía por la clientela, la mayoría eran alemanes con buenas carteras.
—Javier, por curiosidad, ¿de dónde sacan tantas langostas y tan buenas?
—¡Ah, jajaja, eso es un secreto!, en esta zona hay algunos lugares donde se crían así, pero los pescadores no lo dicen así los maten, hay una competencia tremenda entre ellos.
—Ya comprendo, así que su pescador sólo le trae las langostas a usted.
—Y todo el pescado que pesca, nos lo quedamos todo en exclusiva.
—Pues debe ganar mucho también.
—Bueno, es un hombre mayor que se conforma con lo que gana, que no es poco.
—Ya entiendo.
—¡Mire, ese señor que sale de la cocina, es Ramón!, precisamente es el pescador que nos ha traído todo esto.
Vi a un hombre mayor, con el pelo canoso, con una larga barba, iba vestido con ropa de faena con las mangas arremangadas por los codos y llevaba una gorra de marinero, tenía la cara y los brazos curtidos por el sol y la mar, fumaba en una pipa y tenía aspecto de lobo de mar, me cayó bien desde el principio y me alegré que trajera aquellas maravillas de pescado.
Después de comer Javier se sentó con nosotros, mientras los camareros recogían las mesas estuvimos tomando café, hablamos de muchas cosas, pero Javier quería sonsacarme mi opinión, no tuve problema de contarle lo que había visto, lo mismo que le dije a Laura, mi jefa, que había que hacer muchas reformas, y eso que aún no me había metido con el tema de fontanería ni de más cosas propias del edificio, solamente le hice una sugerencia sobre la terraza, ya que él quería poner unos tendederos de la lavandería y yo le dije que a los alemanes les vendría mejor unas secadoras industriales y en la terraza sería mejor poner un mini bar con un solárium bien organizado, le gustó la idea y nos invitó a unos chupitos de hierbas digestivas.
Por la tarde me dediqué a estrenar los saca-leches, tanto con Clara como con Natalia, se lo expliqué bien hasta que lo entendieron, aunque realmente la leche me la bebí yo toda, entre prácticas y demostraciones les saqué la leche con la boca. Ellas, después de dormir a sus niños, me la sacaron a mí, entre las dos estuvieron chupándome la polla hasta que me vaciaron, prefirieron esto a que las follara, ya que tenían los culos y los coños un poco irritados, pero me prometieron que por la noche ya estarían ambas en forma.
Por la tarde estuve haciendo unas fotos de los alrededores, también exploré las calas que había para mandárselas a Laura, y pude ver que alguna pareja de alemanes las habían descubierto antes que yo, y estaban gozando de las vistas, con las pollas y los coños propios.
Estaba sentado sobre unas rocas cuando me llamó Laura, había visto las fotos y le encantaron, se las había enseñado al jefe de obras y opinaba lo mismo que yo, al parecer ya estaban trabajando en el tema, también me dijo que había mandado a Alemania algunas de mis fotos para ir animándoles a comprar, ellos le contestaron que enviarían a un inspector para que valorara in situ las posibilidades, y entre los dos haríamos el informe final.
Me pareció bien, aunque la idea de tener a un alemán en mi hombro no me gustaba nada, seguro que iría buscando tres pies al gato y poniendo pegas a todo, conocía el carácter adusto y serio de los alemanes y no acababa de gustarme, aunque comprendía que antes de hacer nada querrían asegurarse.
El día que Laura me anunció que el inspector alemán iba a venir, fui a Mahón a recogerlo. El avión venía de Hamburgo y nada más abrir la puerta desembarcó una ola de gente con ganas de divertirse que asustaba, muchos de ellos ya habían empezado la fiesta en el bar del avión y venían como si salieran de los toriles.
Yo esperaba a alguien bien trajeado con cara seria y bigote, no sé por qué me había hecho esa idea mental, por eso cuando pasó por mi lado una señora vestida con un traje de chaqueta y falda por debajo de la rodilla no le hice caso, pero ella sin apenas mirarme me soltó…
—Herr Víctor?, ich denke schon. Nehmen Sie mein Gepäck und los geht’s.
—¡Ah!, ¿es usted quien viene a ver el hotel?, pues vaya chasco.
Ya no contestó nada y salió hacia la puerta, vi como me esperaba en la acera, yo recogí la única maleta que seguía rodando por la cinta y salí a la calle, de lejos la estuve observando, Una mujer de unos 50 años, grande, con buenos pechos y caderas protuberantes, era seria, el pelo rubio recogido con un moño en la cabeza, sus ojos verde-azulados y vestía con un traje gris, la falda más abajo de la rodilla, chaqueta masculina y zapatos con tacón grueso y bajo, apenas llevaba pintalabios y ni me miró cuando le abrí la puerta del coche… y ¡ya me cayó mal!
Ya había advertido a Clara que le reservara una habitación de las mejores, la más grande y con buenas vistas, aunque ahora ya desconfiaba de que sirviera de nada, aquella mujer no tenía aspecto de pasar ni una.
Le dije a Clara que me dejara que fuera yo quien le enseñara el hotel, así no pensaría que influiría para la compra, ella lo comprendió, aunque me insistió que procurara que se concretara la venta, me prometió que el restaurante lo reformarían con decoración típica y demás, o si fuera necesario con detalles alemanes, yo le dije que no adelantara acontecimientos porque no veía la cosa clara.
—Perdone señora, la verdad es que no esperaba que viniera una…
—¿Una mujer, quiere decir?
—¡Ah, habla usted español! Menos mal, porque yo de alemán…
—Sí, hablo perfectamente español, pero quería probarle.
—Entonces hablaremos en español, le decía que…
—Sí, ya le oí, cree que las mujeres no somos capaces de hacer lo mismo que los hombres, pues se equivoca, lo hacemos igual o mejor.
—Ya, de eso no tengo duda, pero ha sido una sorpresa, entiéndame.
—Ya, claro, siempre me pasa.
—Muy bien, perdón ¿Cómo se llama usted?
—Llámeme Señora Katerina.
—Ah, muy bien Katerina, encantado.
—No, Katerina, no, Señora Katerina.
—Como quiera, es que a mí todos me llaman Víctor, y la verdad se me hace un poco raro.
—No me importa nada.
—Vale, como quiera, si le parece vamos a ver el hotel, le voy a enseñar todo.
—Eso es lo que quiero, verlo todo, pero todo.
La mujer iba con su chaqueta y su falda larga, yo la veía sudar aunque me callaba, le enseñé las habitaciones y en las que estuve con Clara la polla se alborotó, la había reconocido. Como el ascensor no funcionaba subimos al segundo, la mujer estaba acalorada, según subíamos hacía más calor y como las habitaciones estaban cerradas, más todavía.
En el tercer piso la “señora Katerina” estaba acalorada y roja como un tomate, yo iba con una camisa de manga corta y aún así tenía calor…, cuando abrí la puerta de la terraza nos dio una bocanada de aire fresco del mar, ella se apoyó en la barandilla de la escalera y yo la cogí para que no se cayera, por un momento me miró agradecida, hasta que se dio cuenta de que casi la abrazaba, enseguida recuperó la compostura y aspiró el aire fresco del mar.
Al salir a la terraza la vista del mar azul la hizo reaccionar, yo ya no pude aguantar y le dije…
—Señora Katerina, permítame aconsejarle que se quite la chaqueta, ya ve que aquí no es como en Alemania.
—Ya lo veo, ya, en Hamburgo llevamos una semana sin parar de llover y con frío.
—¿Y no tiene calor?
—Mucho, me estoy asando.
—Permítame que le ayude.
—Gracias, señor Víctor.
—Por favor señora Katerina, no me llame de señor, por favor, me siento viejo.
—Entonces tampoco me llame señora, solo Katerina, ¿le parece bien?
—Claro que sí, mucho mejor, venga deme su chaqueta.
Le ayudé a quitarse la prenda, era de invierno y estaba toda mojada, aunque más mojada estaba la camisa que llevaba debajo, estaba empapada, por eso abrió los brazos y respiró profundamente.
—Qué delicia, en el Mar del Norte no se puede ir más que unos días en pleno verano.
—Pues aquí es al revés, hasta en invierno hace buen tiempo.
—Da gusto sentir el viento en la cara.
—Entonces le invito a tomar el sol, aunque veo que su cutis no está blanco, ¿Dónde toma el sol?
—En la sauna, a mí me gusta estar morena y siempre que puedo vengo a Menorca o a Ibiza, y si no en la sauna o con los rayos UV.
—Ya no hace falta que le explique más, pero tengo una idea que le va a sorprender.
Fui a buscar la colchoneta que Clara tenía guardada y la extendí delante de Katerina, ella se sorprendió y la miró con envidia, le apetecía mucho tomar aquel sol.
—¡Ah!, perdone Katerina, soy un despistado, voy a dejarla a solas por discreción, usted querrá intimidad.
—No, nada de eso, yo estoy acostumbrada a la sauna y cuando vengo de vacaciones no traigo bañador.
—Bueno, bañador no, pero bikini…
—No, tampoco, a mí no me afecta la desnudez, el cuerpo desnudo es lo mas natural y sano, ¿no lo sabía?
—Sí claro, yo también pienso así, pero no sabía cómo lo tomaría usted.
—Pues ya lo sabe, no hace falta que se gire, voy a tomar el sol un rato, luego seguiremos. ¿Usted no quiere tomar el sol? Está más blanco que yo... jajaja.
—Por supuesto, no me importa, aunque la colchoneta es estrecha y el suelo quema mucho.
—No se preocupe, nos tumbaremos los dos en la colchoneta.
Aquella mujer engañaba mucho, cuando se soltó el moño que tenía recogido en la cabeza apareció una melena larga y rubia, yo hacía como que miraba al mar pero cuando se quitó la falda sus piernas me parecieron larguísimas, llevaba la ropa interior de mucha calidad, un sujetador sin tirantes y unas braguitas con la cintura muy alta que le aumentaba la altura, al quitarse los zapatos tan feos parecía otra persona distinta, hasta parecía más simpática.
Me volví y ya estaba tumbada boca abajo, tenía un culo duro y moreno, toda ella estaba igual de morena, sin rayas de bikini, como había dicho, se giró y me miró esperando que yo me tumbara junto a ella y no tuve más remedio de quitarme la ropa como si lo hiciera todos los días.
Sin que me viera la polla dura me tumbé también boca abajo, a mi lado parecía mulata y con el cabello rubio una diosa. Era un poco mayor que yo, pero parecía más joven, estuvimos un rato y cuando se dio la vuelta me dijo que sentía haberse dejado la crema para el sol en su casa, aquel sol calentaba mucho más que los rayos UV. Así que me acordé de la crema de Clara y me levanté a por ella, noté su mirada en mi culo y su sonrisa, pues me había visto la polla al levantarme. No dijo nada pero se volvió y simplemente me pidió que le repartiera un poco de crema por la espalda.
Yo no me atrevía a tocarla, pero ella insistió que la embadurnara con la crema por todos los rincones de su cuerpo. Al tener su permiso mi mano se liberó y después de pasarle por los hombros y la espalda llegué a las caderas y sin más a las nalgas, ella dejó caer la cabeza en la colchoneta y separó las piernas, mis manos se perdieron entre sus nalgas como si fuera lo más lógico, hasta que Katerina, fue separando más y más los muslos, le vi el ano, rugoso y dilatado, me daba la impresión que su ano estaba acostumbrado a que lo penetraran, sus glúteos esculpidos y un poco más allá el coño, un coño hermoso, grande, tenía unos labios que se le salían, eran de color rosado y brillaban al sol, mi mano le fue extendiendo la crema y ella siguió separando las piernas más y más. Mi mano seguía entrando hasta tocar los labios, al no decir nada los separé, roce con mis dedos su raja grande y carnosa que ya la tenia húmeda y sin pensármelo dos veces le metí el dedo corazón dentro de su coño, luego dos, el corazón y el índice y luego tres, el anular, corazón y el índice, ella levantaba el culo para que llegara más y más hasta que enterré los cuatro dedos, excepto el pulgar, que destiné al clítoris, parecía un micro pene chiquito duro y carnoso. Mis dedos arqueados dentro rozaba esa zona rugosa que tienen las mujeres, el punto G. Gruñía y jadeaba. Se abrió mas y le metí toda mi mano hasta la muñeca, su coño dilataba con mucha facilidad, palpitaba con toda mi mano dentro sintiendo como estaba mojada.
Entonces cerró las piernas de golpe y me atrapó la mano dentro, no podía moverme pero ella con la suya buscó debajo de mí y me cogió la polla con fuerza, nos quedamos los dos quietos, a ver quién se movía antes, hasta que hurgué en su coño con mis dedos, ella respondió bajando el prepucio hasta abajo, dejando el capullo en su palma y lo fue acariciando con cuidado.
Cuando fue aflojando las piernas pude sacar la mano y ella liberó mi capullo, yo me deslicé a su lado y subí sobre ella, mi polla entró entre sus muslos y seguí deslizándome con la crema hasta encontrar el camino de su coño, cuando lo noté acabó de separar las piernas y yo me dejé caer dentro de ella, con las manos atrapé las tetas que asomaban por sus costados y le dije al oído.
—Katerina, no sé si entenderás mucho de español, pero te voy a follar el coño como no te lo han follado nunca.
—Sí Víctor, desde que vi el bulto que dibujaba la figura de tu pene a través de la tela del pantalón en el aeropuerto me imagine esa polla enorme, y no he dejado de pensar en comérmela toda, métemela en mi coño hasta los huevos, Bite. Nunca he visto una polla tan bonita y bien hecha, parece esculpida por Miguel Ángel.
Ella levantó un poco la cintura y yo procuré que la polla le llegara a lo más hondo, así que no paré hasta que se vino, apenas gruñó un poco mientras se corría y alguna frase en alemán. Cuando le dije que se diera la vuelta aparecieron las dos tetas frente a mí, me lancé a por ellas, ella las apretó para que se las comiera juntas, al mismo tiempo plegó las piernas y separó las rodillas, apenas tenía un pequeño triángulo de vello rubio, pero mi polla no se perdió, se hundió en su coño después de resbalar por su clítoris duro, me abrazó y me rodeó con sus piernas para no dejarme salir hasta que los dos a una nos corrimos.
Yo habría estado toda la mañana así, entre sus brazos, pero ella, muy profesional, cuando nos repusimos dijo que debíamos seguir trabajando, así que me levanté y nos vestimos, ella ya sin chaqueta.
Si la comida que nos preparó Javier fue especial ahora con Katerina “se pasó tres pueblos”, llenó la mesa de manjares, entre ellos la consabida langosta, Katerina, cuando la vio abrió los ojos como platos, Javier y yo nos miramos y asentimos, era buena señal, Clara y Natalia también se miraron y adivinaron que a la alemana le gustaban las cosas buenas, así que se animaron también.
A mitad de comida vi entrar en la cocina a Ramón, el pescador que traía más pescado, yo me excusé diciendo que iba a lavarme las manos y lo busqué, me presenté y le pregunté si me podía dedicar unos minutos, lo llevé al almacén de la cocina y le pregunté por su oficio, me contó lo que ya sabía y le expliqué lo que estaba haciendo allí, él se alegró, porque conocía de toda la vida el hotel en sus buenos momentos y a Javier y Clara, le pregunté si le gustaría aumentar su negocio.
—Mire Ramón...
—No me llame señor, solo Ramón, como todos.
—Muy bien Ramón, yo soy Víctor también a secas, el caso es que nos interesa a todos que se haga la venta, imagino que a usted no le vendría mal tener más clientela. Imagine cómo se llenaría el restaurante y sus langostas, que están de muerte, se venderían como el agua.
—Pero es que yo vivo bien como estoy, para qué trabajar más, si yo ya…
—Ya lo sé, pero imagine si pudiera cambiar su barca, una más cómoda, más grande, nueva, más…
—Eso sí, mi barca está muy vieja, hay días que me veo negro para volver, si la mar está mala.
—Pues eso, ganaría más y trabajaría menos, se me está ocurriendo una idea, ¿ve aquella rubia de allí, en la mesa?, es la alemana que tiene que dar el visto bueno de la compra, le encantan sus langostas, ¿Qué le parece si nos lleva a donde las pesca y le hace pescar alguna a ella?, para que se haga la ilusión y le mande unas fotos a sus amigos alemanes, se correría la voz y todo empezaría a rodar.
—Es que yo no subo a nadie a mi barca…
—A ver Ramón…, ya sé que no quiere enseñar su caladero, ni a mí me importa, para mí el mar todo es agua y azul, pero si nos llevara, con la excusa de la langosta, a la rubia la volvería loca y se enamoraría del hotel ¿me entiende?
—Sí, ya voy entendiendo.
—¿Y qué piensa?
—No sé, a lo mejor… pero con una condición, que no dirán a nadie adónde vamos. ¿entiende?
—Claro Ramón, claro, tiene mi palabra de honor.
Cuando se lo conté a Katerina le encantó la idea, Javier y las chicas también opinaban que era una oportunidad que no se daba nunca, los pescadores no llevaban ni a su madre en la barca, así que quedamos para el día siguiente.
Tuvimos que madrugar, la zona estaba bastante lejos mar adentro, en aquella barca de madera tan pequeña nos agazapamos debajo de una lona porque hacía un poco de fresco, en cambio Ramón iba al timón con su camisa de siempre como si nada.
Cuando el sol empezó a pegar fuerte vi que Katerina ya se preparaba para tomar el sol así que le pregunté a Ramón si la rubia podía tomar el sol sobre la cubierta de la proa de la barca, a él le pareció bien, con la condición de que tuviera cuidado. Yo le pregunté si podía contar con él y le guiñé un ojo, me entendió a la primera y me confirmó que sí.
Acompañé a Katerina, que se quitó la ropa enseguida y sobre una manta se tumbó al sol mientras la barca surcaba el agua tranquila. Katerina me preguntó si yo no me desnudaba así que miré a Ramón, él encogió los hombros y me desnudé al lado de la rubia alemana, la mujer estaba preciosa, morena de piel y rubia de cabellera, las tetas duras todavía y los ojos claros, ella enseguida me besó y me cogió la polla, yo disimulaba y le agarraba una teta para lamerla mientras el balanceo de la barca me lo permitía, pero viendo que Katerina quería follar le pregunté a Ramón si él no tomaba el sol también, el pescador se encogió los hombros y nos dijo que él, al ir siempre solo solía quitarse la ropa, lo animé a hacerlo y lentamente se fue quitando la camisa.
A Katerina le impactó la pelambrera que tenía Ramón en el pecho, era un bosque de vello canoso, pero más cuando se quitó los pantalones, el vello púbico ocultaba su polla, nos quedamos asombrados los dos viendo cómo se desnudaba con toda calma, Katerina al ver que la polla no se le veía se decepcionó, hasta que le avisé cuando siguió bajándose los calzoncillos. La polla no se veía entre las piernas, pero al lado de las piernas sí y la de Ramón le llegaba casi a la rodilla.
Katerina se sentó de un salto, se quedó mirando fijamente a la manguera que le colgaba a Ramón, la tenía doble de gruesa que yo y unos 10 centímetros mas larga, él siguió sin darle importancia, cogió el timón y siguió mar adentro.
Cuando llegamos al sitio Ramón, con ese pene colgando nos enseñó cómo pescarlas, en el fondo poco profundo se podían ver las langostas y cuando Katerina eligió una Ramón le ayudó a sacarla, era todo un espectáculo ver a Katerina asomada por la borda con las tetas colgando fuera y por detrás enseñando el coño entre los muslos, entonces vi reaccionar la verga de Ramón, fue subiendo y me impresionó, Katerina no llegó a verla, estaba entusiasmada con su pesca pero Ramón me dijo que no dijera nada, nos iba a llevar a un sitio especial.
Cuando recogimos todo, Ramón puso en marcha el motor y se dirigió hacia la costa, había un acantilado a lo lejos y nos dijo que nos iba a enseñar la cueva del Tesoro del Pirata, yo no me lo creí, pero según íbamos llegando vimos un hueco en la pared de piedra.
Katerina estaba preciosa como una sirena sobre la cubierta de la barca, cuando llegamos la mole de piedra se perdía en el cielo, pero la boca de la cueva se veía negra de tan profunda, Ramón nos aconsejó que nos agacháramos porque era muy baja y tocaríamos con las cabezas, aunque luego se haría más alta.
Ramón sacó un remo y fue despacio por dentro hasta que nos quedamos a oscuras, Katerina me cogió de la mano y la llevó a su pecho, las dos tetas palpitaban con fuerza, estaban calientes del sol y duras, me puse detrás de ella sujetándole las dos masas suaves, le di unos besos en el cuello ella me cogió la polla y la acarició, la oscuridad era total. La cueva se fue ampliando hasta que se hacía grande, la poca luz que llegaba iluminaba el fondo de la cueva que era poco profundo, cuando Katerina acercó su boca a mi polla para comérmela, gritó.
—¡Una serpiente, me ha tocado una serpiente!
—No puede ser Katerina, aquí no hay serpientes, ¿verdad Ramón?
—No, aquí no hay serpientes.
—Pues a mí me ha rozado algo largo y duro.
—A lo mejor he sido yo.
—¿Usted Ramón?
—Sí, a lo mejor mi serpiente le gusta a Katerina, jajaja
—¡Mein Gott! ¡Qué barbaridad, tiene una polla gigante, qué maravilla!
Katerina gritó al ver la polla de Ramón, tardó un segundo en convencerse de que aquella manguera no era una serpiente, pero le gustó enseguida y alargó la mano para tocarla como a un gatito, Ramón se acercó y se la puso entre las tetas, así ella comprobó que le llegaba más abajo del ombligo, aquello sí que era la polla que ella soñaba, juntó las tetas y acercó el capullo gigante de Ramón y lo lamió, él se acercó más y ella intentó metérselo en la boca, pero no pudo, no le cabía pero no se amilanó y se tumbó en la manta y esperó que Ramón se le echara encima con el ariete ya duro, aquello daba miedo, más que las pinzas de la langosta que acababa de pescar Katerina
En la boca no le cupo, pero Katerina estaba empeñada en probar aquella barra de carne dura, así que separó las piernas y en la penumbra de la cueva esperó. No tuvo que hacerlo mucho rato porque Ramón con cuidado se colocó delante de ella de rodillas y le arrimó la verga que se le fue hundiendo despacio, la rubia abría la boca intentando digerir aquella verga que parecía la polla de un burro, él seguía empujando hasta que ella no pudo más y rogó llorando que no le metiera más, que la estaba atravesando, yo la creí y le toqué el hombro a Ramón, me hizo caso y la sacó un poco y la volvió a meter despacio.
El coño de Katerina se dilataba cada vez mas, en una de sus envestidas se corrió inmediatamente, apenas se la había metido diez veces casi se desmaya, Ramón seguía metiéndosela, aunque ella estaba desfallecida, yo le dije a Ramón que esperara un poco, como tardaba en reaccionar se la sacó y volvió al remo, en la semi oscuridad giró la barca y salimos a la luz.
Allí vi la realidad, Katerina tenía el coño dilatado como un túnel, estaba con las piernas abiertas sin poder cerrarlas, Ramón sonrió y nos dijo.
—Ahora os voy a enseñar una cala que sólo conozco yo, no se puede ir de otra manera que en barca.
La playita era pequeña pero muy limpia, estaba a la sombra del acantilado y atracó la barca en la arena, bajamos a Katerina con cuidado entre los dos, aun así la alemana no dejaba de mirar la enorme polla de Ramón que caía como una pierna más. El pescador trajo la manta y nos tumbamos a la sombra, Katerina se colocó entre los dos, con cada mano agarró una polla, yo me sentía un poco apocado ante aquella cosa, pero a Katerina le gustaban las dos, esta vez quiso ser ella la que se administrara de verga.
Se subió sobre Ramón y le lamió la polla a lo largo y ancho, no le cabía entera en la boca pero la lamía con destreza, así que se la puso como una barra de salchichón, luego la cabalgó y disfrutó frotando su coño abierto sobre las venas hinchadas de Ramón, hasta que se calentó y se fue metiendo la polla despacio, con cuidado, pero poco a poco hasta que le llegó hasta el útero.
Se movía despacio, pero cuando el coño se fue adaptando fue cogiendo velocidad, entonces me llamó para que yo hiciera lo que ya estaba pensando desde hacía tiempo, me puse detrás de ella y apunté al agujero de su culo, eso era lo que Katerina esperaba y no se quejó pues su culo dilato como si fuera de silicona.
Según me dijo Ramón después, cuando se la metí por el culo las lágrimas le caían a él, y más cuando los dos empezamos a movernos, Katerina, con Ramón y yo empalándola al mismo tiempo la alemana dilataba bien, se volvía loca con las dos pollas dentro de ella, gemía y decía guarradas en alemán, yo notaba el roce próximo de la polla del pescador, parecía un tren pasando al lado de la mía. Estaba tan dilatada que cuando los dos cogimos el ritmo y empezamos a movernos al unísono los orgasmos de Katerina se sucedieron hasta dejarla exhausta, su cuerpo grande convulsionaba como si un rayo le atravesara, quedó exhausta y desmayada sobre el pecho velludo del pescador, aún así seguíamos con nuestras pollas dentro de ella, y cuando nos corrimos los dos al mismo tiempo ella despertó del letargo, quería más y más leche.
Al sacarle las pollas vimos lo dilatada que estaba, el coño y el culo de Katerina parecía un ocho, dos agujeros redondos y oscuros se perdían en su cuerpo llenos de leche.
Aún así ella quiso que le diéramos la leche en la boca, tuvimos que esperar a descansar un rato para reponernos y que ella volviera a cerrar sus huecos, entonces nos tumbamos uno al lado del otro y ella fue alternando las pollas en su boca, la mía se la metía hasta la garganta pero la de Ramón solo pudo conseguir meter la punta de su capullo, Katerina no paró hasta sacarnos la leche a los dos, lo que le sobró se lo repartió por las tetas, luego salió corriendo y en la playa se sumergió nadando como una sirena.
Cuando subimos a la barca la tuvimos que ayudar, nos miramos Ramón y yo y vimos el coño abierto exageradamente, impresionaba el hueco que se le había quedado, pero ella no se quejaba aunque si nos confeso que a pesar de tener un coño grande y carnoso, un buen culo que dilataba con facilidad, al principio lo paso un poco mal, pues nunca habia follado con dos pollas de ese tamaño, en especial la del pescador.
Aquella noche Katerina cenó poco y se fue a dormir pronto, se excusó diciendo que se había hecho un esguince en la playa, porque no andaba nada bien. Natalia me preguntó si sabía qué le había pasado y le dije que no, aunque le confesé acercándome al oído, seguramente sería un esguince de verdad, pero en el coño.
Al día siguiente Katerina ya caminaba mejor, aunque con cuidado, y después de desayunar se encerró con su ordenador a redactar el informe. A media mañana me llamó a su habitación, estaba seria pero con una media sonrisa.
—Víctor, el hotel tiene potencial, las vistas son espectaculares, la ubicación es privilegiada y la cocina es excelente. Las reformas son importantes, sí, pero no imposibles. Recomendaré la compra con algunas condiciones razonables.
—¿Entonces…?
—Entonces sí. Pero dile a Ramón que la próxima vez que me lleve a pescar langostas, que traiga más crema solar… y quizás una barca un poco más grande.
Nos reímos los dos. Ella se acercó, me besó con lengua y me susurró al oído:
—Y tú, no te olvides de compensar a Laura… largamente y anchamente, como me prometiste a mí.
Bajamos juntos al restaurante. Javier, Clara y Natalia nos miraban expectantes. Katerina levantó la copa de vino y dijo en voz alta:
—Prost! El hotel tiene nuevo dueño. Y yo tengo ganas de volver muy pronto… con más tiempo libre.
¡Todos brindamos!.
Y mientras el sol caía sobre la terraza, supe que aquel verano acababa de empezar de verdad.
Mary Love (@tequierodori) / XNota de la autora:
"Las historias que cuento generalmente son ficciones sacadas de mi imaginación. Espero que mis relatos te trasporten a tus fantasías. Si te gustan mis historias compártelas con tus amigos, quizás les ayudes a salir de su rutina.
¡GRACIAS POR LEERME!
Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito del autor/a