ESTOY EN LA cocina preparando el desayuno, pero hoy intuyo que todo será diferente; presiento el día cargado de una expectativa que me recorre la piel. Es mi dieciocho cumpleaños y Elena, mi madre, ha prometido que pasaremos el día entero juntos, sin nadie más. Ella me tuvo siendo una adolescente, con solo quince años, y ahora es una mujer de treinta y tres, hermosa y guapa, con un cuerpo que atrae miradas dondequiera que va: curvas suaves y pronunciadas, piel tersa y luminosa, cabello oscuro que cae con naturalidad sobre sus hombros y una sonrisa confiada que siempre me desarma. La relación con mi madre no influye a terceras personas porque es madre soltera y, yo me he criado sin un padre visible. Siempre me ha contado abiertamente su vida, que nunca quiso una pareja estable, que es incapaz de ser fiel a una sola persona, que le encanta el sexo, que es bisexual y que no quiere ataduras. Presiento que a mis 18 años voy a perder mi virginidad.
Desde jovencito sentí una atracción intensa hacia ella, pero me lo guardaba todo dentro. Me quedaba atento a cada oportunidad: cuando se cambiaba dejando la puerta entreabierta, cuando salía de la ducha con la toalla apenas cubriéndola, o cuando revisaba su ropa interior, y sobre todo cuando de vez en cuando nos duchábamos juntos. Luego en la privacidad en mi habitación me masturbaba pensando en ella. Era difícil disimular, pero cada abrazo, cada beso de buenos días o despedida se volvía más intenso y duradero. Ella no rechazaba nada; al contrario, parecía agradecerlo y prolongarlo. Eso me hacia concebir esperanza de que algún día tendría sexo con ella.
Además, os cuento que muy amenudeo en las noches la había visto en su cuarto. La puerta quedaba entreabierta y yo me acercaba sigiloso. Ahí estaba ella, tumbada en la cama, con las piernas abiertas, acariciando su coño sola con los dedos o con uno de sus juguetes preferidos, uno que ella llamaba su conejito. Gemía bajito, moviendo las caderas, tocándose las tetas. Se daba cuenta de que yo estaba ahí, mirándola; lo notaba en cómo sonreía ligeramente o en cómo separaba más las piernas, pero se hacía la desentendida. Quería que yo me masturbara viéndola, y lo hacía, corriéndome en silencio mientras la observaba disfrutar de su coño.
Ese día desayunamos juntos en la mesa pequeña que teníamos en la terraza, era un lindo día de primavera, con el frescor de la mañana y el olor al galán de noche que habia en el jardín de abajo, hablando de películas, de música y de planes tontos. Sus pies descalzos rozan los míos bajo la mesa, pues eso le encantaba a ella, y sentir el tacto del roce de sus pies tengo que decir que a mi me hacia sentir sensaciones, deseado, y desde que mi cuerpo comenzaba a cambiar de niño a hombrecito hacia que me empalmara cada vez que me rozaba. Lleva una bata fina que se ajusta a su cuerpo y deja entrever el suave escote atada solo con un cordón de la misma tela, con un tanga que apenas cubre su coño, que se transparentan, y sin sujetador, sus pezones marcados por el roce de la tela.
"Feliz cumpleaños, Lucas", dice con voz cálida y sensual, y se inclina para darme un beso en la mejilla, o mas bien en la comisura de mi boca que se demora un instante. Sus labios se quedan unos segundos, y siento su aliento cerca de los mios. "Gracias, Elena. Solo estar contigo todo el día ya es el mejor regalo", respondo, y mi voz sale más baja de lo normal.
Después de desayunar nos arreglamos y fuimos de compras al centro de la ciudad; al medio día comimos en nuestro restaurante favorito, y después regresamos a casa para descansar y pasar la tarde leyendo o escuchando música.
Al atardecer, ya casi de noche, pedimos unas pizzas para cenar, y después de recoger la mesa y los restos de la cena, decidimos tumbarnos en el sofá grande del salón a ver una película. Ella abre la plataforma de streaming y busca algo "ligero pero interesante". Elige un thriller erótico con muy buena puntuación. Al principio la historia es normal: una mujer madura y un chico más joven que se conocen en circunstancias casuales en un viaje en tren desde Barcelona a Paris y surge la atracción. Nos acomodamos entrelazados rozando nuestros cuerpos. Mi brazo rodea sus hombros y ella se recostada contra mi pecho, con las piernas recogidas sobre el sofá. Su bata se abre ligeramente y deja entre ver su sus muslos y su tanga diminuto.
Según avanza la película, las escenas se vuelven más intensas y sensuales. Besos apasionados que duran minutos, manos que se deslizan bajo la ropa, gemidos suaves de fondo y planos cada vez más explícitos de cuerpos entrelazados. El ambiente en el salón comienza a sentirse cargado. El aire se siente más pesado. Elena suspira suavemente y su mano descansa en mi muslo, acariciándolo con movimientos lentos y distraídos, subiendo y bajando sin prisa. Siento cómo mi polla empieza a endurecerse dentro del pantalón corto del pijama de verano. "Esta película es bastante intensa… ¿no crees?" comento, intentando sonar casual. Pero ella ya roza mi pene con sus dedos. Sabe que me estoy excitando y se ríe bajito, casi ronroneando. "Sí… me está poniendo un poco cachonda. ¿A ti no?", me dice y pregunta. Su franqueza me acelera el pulso... "Si mama, me excita, y a mis 18años ya te puedes imaginar", le digo.
En la pantalla, la actriz se desnuda lentamente mientras el chico la mira con deseo tocándose su polla. Entonces, sin esperarlo Elena se remueve contra mí, presionando su cuerpo más cerca. Mi mano baja por su brazo hasta llegar a su cintura. La bata se ha abierto un poco más y veo el borde de sus tetas llenas. Ella no la cierra. Al contrario, gira ligeramente la cabeza y me mira a los ojos durante varios segundos. El deseo acumulado de años flota entre nosotros, fluido y caliente. Me inclino despacio, acaricio sus pechos seguido de beso en su boca. Primero es suave, solo labios contra labios, probando. Pero ella abre la boca y nuestras lenguas se encuentran. El beso se vuelve profundo, húmedo, hambriento. Sus manos suben por mi pecho, acariciándome.
Nos besamos largo rato mientras la película sigue de fondo. Mis dedos desatan el nudo de su bata y la tela se desliza por sus hombros, revelando sus tetas grandes y firmes, pezones ya duros. Las acaricio con las manos, las beso, las chupo suavemente. Ella gime bajito contra mi boca. "Llevo tanto tiempo queriendo esto, Lucas…".
La tumbo en el sofá. Mi boca baja por su cuello, por su vientre plano, hasta llegar al borde de su tanga rosa de encaje. "Abre tus piernas y revélame tu coño", le pido con voz apasionada y de deseo. Ella separa las piernas y usa sus dedos para abrir sus labios húmedos e hinchados. "Disfruta de mi coño, Lucas. Lámelo todo lo que quieras". Meto mi cara entre sus muslos con deseo contenido durante años. Mi lengua recorre toda su raja de arriba abajo, desde su ano hasta su clitoris, una y otra vez saboreando su humedad caliente y dulce. Chupo su clítoris hinchado y ella arquea la espalda, agarrándome del pelo. "Sí… así… justo ahí… me estás volviendo loca, mi amor. Tenerte es lo mejor que me ha pasado".
La como el coño con ganas, metiendo la lengua dentro, lamiendo cada pliegue, succionando. Sus caderas se mueven contra mi cara. La película sigue sonando, pero ya no existe. "Me estoy corriendo… ¡me estoy corriendo!" grita de pronto, y su cuerpo tiembla fuerte mientras un chorro de sus jugos me moja la boca y la barbilla. Bebo todo, excitado como nunca.
Cuando se recupera de su corrida, me quita los pantalones y agarra mi polla dura y tiesa como una estaca. Comienza a menearla con la mano y se la lleva a la boca, la chupa con lentitud al principio, luego con más rapidez, me mira a los ojos y me acaricia los testículos rozando mi ano con unos de sus dedos. Desnudos como estamos nos dirigimos a su cuarto. Se tumba en la cama con las piernas hacia arriba sujetándose los talones y me coloco entre ellas. Rozo la cabeza de mi polla contra su entrada húmeda, y empujo despacio me tiendo mi polla en el interior de su vagina. Su coño palpita y me envuelve, lo siento caliente, apretado y resbaladizo. "Penétrame, Lucas, dámela toda", me grita excitada. Empiezo a moverme, primero suave, sintiendo cada centímetro. Acelero poco a poco. Sus tetas rebotan con cada movimiento mientras la meto y la saco de su coño y ella se toca el clítoris. "Más fuerte… disfruta de mi coño, este coño que te pario".
Después de un rato fallándola en esa postura y ella sintiendo espasmo de gusto, cambiamos y se pone en posición de perrito, a cuatro patas. Su culo redondo en pompa es irresistible, le cacheteo sus glúteos, le gusta y me pide que le de mas, sigo mientras la penetro por su coño desde atrás, agarrando sus caderas. El sonido de nuestros cuerpos chocando llena el dormitorio junto con sus gemidos. "Así… fóllame sigue y no pares, mi amor". Ella colabora, una de sus manos masajea su clitoris y explota con un orgasmo que la derrumba.
Nos dirigimos a la ducha en el baño que hay en su cuarto, el agua caliente cae sobre nosotros mientras la levanto contra los azulejos. Sus piernas rodean mi cintura y vuelvo a entrar en ella. "Penétrame y dame tu leche". Bombeo con mi polla más rápido. Su coño palpita y se corre otra vez, apretándome fuerte. Al sentir su orgasmo y como se contrae contra mi polla yo no aguanto y también me corro dentro, chorros calientes llenándola. Aunque toma la píldora y lleva puesto por su ginecólogo un dispositivo intrauterino conocido como DIU no hay peligro de ningún embarazo el que yo me corra dentro de su coño.
Nos duchamos y relajados nos besábamos y acariciábamos nuestros cuerpos en la cama. Me cuenta como nunca se ha casado aunque ha tenido la oportunidad, me confiesa que ella no es mujer de un solo amante, y además que también le gustan las chicas y no podría ser fiel a una sola persona. También me confiesa cómo se excitaba sabiendo que yo la miraba follarse su coño sola desde la puerta. "Quería que te corrieras viéndome".
Mi polla reacciona de nuevo, se endurece, estoy tumbado y ella me toca y me excita de nuevo. Me monta despacio, cabalgándome. Sus caderas se mueven en círculos perfectos. "Disfruta de mi coño montándote en amazona". Agarro sus nalgas y la ayudo. Sus gemidos crecen hasta que se corre de nuevo.
Nos levantamos y la penetro contra la pared, mirándonos en el espejo grande. "Mira cómo te penetro". Ella observa excitada cómo entro y salgo de su coño. "Sí, siento que soy tu puta, tu puta favorita". Volvemos a la cama y la penetro de lado, besando su cuello y acariciando sus tetas. "Me estoy corriendo otra vez…" susurra temblando. Y yo que a mis 18 años estoy como un toro eyaculo de nuevo dentro de su coño por segunda vez.
Pasamos el resto del día entre caricias, risas y más sexo. En la terraza, con el sol de la tarde, la como de rodillas mientras ella se agarra a la barandilla, gimiendo hacia el cielo. Volvemos dentro y la follo lento y profundo en su sillón favorito. "Tu coño es adictivo, Elena". Ella sonríe y me besa: "Y es todo tuyo cuando quieras".
Cuando ya entrada la noche estamos exhaustos pero profundamente felices. Acostados, con su cabeza en mi pecho, me acaricia el pelo. Este día ha cambiado todo para siempre. La atracción que guardé durante años se convirtió en placer compartido, sin culpas, solo deseo puro y conexión. Mañana seguirá siendo mi madre hermosa de treinta y tres, pero también mi amante.
Con ella he perdido mi virginidad.
Por: © Mary Love
Nota de la autora:
"Las historias que cuento generalmente son ficciones sacadas de mi imaginación; algunas inspiradas en historias que me mandan mis seguidores. Espero que mis relatos te hagan soñar y cumplir tus fantasías. Si te gustan mis relatos compártelos con tus amigos, quizás les ayudes a salir de su rutina.
Si te ha gustado mi relato interactué conmigo, dime que es lo que te ha gustado y que has sentido cuando lo has leído. Envíame un correo a: tequierodori.com@gmail.com
¡GRACIAS POR LEERME!
(Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electro óptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito del autor/a)
"Las historias que cuento generalmente son ficciones sacadas de mi imaginación; algunas inspiradas en historias que me mandan mis seguidores. Espero que mis relatos te hagan soñar y cumplir tus fantasías. Si te gustan mis relatos compártelos con tus amigos, quizás les ayudes a salir de su rutina.
Si te ha gustado mi relato interactué conmigo, dime que es lo que te ha gustado y que has sentido cuando lo has leído. Envíame un correo a: tequierodori.com@gmail.com
¡GRACIAS POR LEERME!
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BUEN DÍA
ResponderEliminarMe llamo Sergio y he estado leyendo con profundo interés tus historias eróticas de incesto y zoo. Déjame decirte que me encantaron.
Soy un maduro de 55 años cumplidos, del estado de Veracruz, México. He leído tus historias y me encantaron: "La noche que rompí el tabú", "La cuidadora y Revoltoso, un semental", "La Sumisa Marcela y la Verga de Víctor", "Joven añora fantasía sexual con Abuelo", "Mi hermanastro me folla en casa de mi padre", "Las fantasías de Manuela con su equino Tornado" y "Nueva experiencia de Manuela con su perro Toni".
Mira, me gustaría contarte cómo fue que inicié en esto del incesto, ya que no fue algo que busqué, simplemente se dio.
Tú iniciaste con tu familia. Dime cómo fue: ¿sorprendiste a alguien masturbándose, se te mostró descaradamente o fue una situación fortuita? ¿Cómo te sentiste? ¿Fue agradable? ¿Te molestaste o te gustó el atrevimiento?
Pues seguiré leyendo tus historias. Yo conocí el incesto de la siguiente manera:
Yo conocí el incesto gracias a una tía, hermana de mi mamá, que fue quien me introdujo en este mundo.
Ella se había quedado viuda a los 34 años con dos hijos pequeños. Cuando yo tenía 16 años y 2 meses, mis padres fallecieron en un accidente automovilístico y fui a vivir con ella. Tras el proceso legal, el juez autorizó que me quedara bajo su custodia como su hijo adoptivo.
Desde los primeros días ella dejó claro el rumbo que tomaría nuestra relación. Bañaba a mis primos por la noche y me dijo que yo, al vivir con ellos, también debía seguir sus normas. Me indicó que esa ocasión me bañaría “para enseñarme cómo debía hacerlo correctamente”, a pesar de mi negativa, pues yo le insistía que ya sabía bañarme solo.
Durante ese baño comenzó a tocarme los testículos y mi pene se me erectó. Me tranquilizó diciendo que era buena señal, que eso demostraba que yo estaba sano. Luego me dijo que, para comprobar que todo funcionaba correctamente, me masturbaría “por salud”. Así fue como me hizo mi primera masturbación.
A partir de entonces nuestra relación fue avanzando poco a poco. Ella continuó tocándome y masturbándome durante los meses siguientes, hasta que llegué a mi cumpleaños número 17.
Ese día (un sábado) ella organizó todo para que estuviéramos completamente solos. Llevó a mis pequeños primos a casa de otros tíos para que convivieran con el resto de la familia. Mientras tanto, nosotros fuimos a comprar mariscos y todo lo necesario para preparar una buena comida. También pasamos a una tienda de ropa interior para que ella eligiera algunas prendas que, según me decía, después me quitaría con los dientes.
En el trayecto y mientras cocinábamos (yo la ayudaba), nos besábamos, nos tocábamos y nos fajábamos con intensidad. Cuando todo estuvo listo, llamó para saber cómo estaban los niños y mis tíos le pidieron que los dejara quedarse hasta el domingo por la tarde. Ella aceptó encantada.
Así tuvimos la tarde y noche del sábado, y casi todo el domingo hasta después del mediodía, solo para nosotros. Recorrimos cada milímetro de su piel con mi lengua, mis labios, mis manos y mi verga.
Fue ese fin de semana cuando ella me dijo que me haría su hombre, su macho, su amante, y que mi verga sería su adicción. Yo fui su hombre, su macho alfa, su galán y el amante que la hacía gritar y gemir de placer. Me decía frases como:
«¡Dame más verga, ensártamela, sácamela y métemela duro, sobrino! Me encanta que me des verga. Dios, qué gusto. Soy tu puta. ¿Te gusta oír cómo tu tía gime por tu verga y te pide más? Recuérdalo siempre: soy tu puta, tu hembra, y tú eres mi macho».
Mantuvimos esta relación de amantes durante más de once años. Hasta que cumplí 25 años, momento en el que me mudé a la Ciudad de México (a la Condesa) para realizar mis prácticas profesionales de ingeniería. Ella iba a visitarme periódicamente para “recibir su dotación de verga”, como solía decir.
Fui su amante hasta que yo tenía 28 años y 9 meses, cuando ella lamentablemente falleció.
Hoy en día todavía la extraño.
Y tú, ¿qué me cuentas de ti?