Mis ligues con la aplicación de citas



"Me apunté a una aplicación donde mujeres de todas las edades buscan solo follar sin complicaciones. Te cuento mi experiencia."

Me llamo Marcos y me registré un jueves por la noche, cachondo y harto de perder el tiempo. Quería sexo directo, crudo y sin filtros. La primera en escribirme fue Laura, 42 años, curvas explosivas, tetas grandes y una foto en lencería negra que ya me puso la polla dura. “Esta noche estoy sola. Ven y fóllame”, me escribió junto con su ubicación.
Llegué en menos de cuarenta minutos. Abrió la puerta vestida solo con una bata de seda roja que apenas le tapaba el culo. En cuanto entré, me empujó contra la pared y metió la mano dentro de mis pantalones, agarrando mi polla gruesa y dura.
—Joder, qué polla más rica y dura tienes ya —susurró mientras me masturbaba con ganas.
Le abrí la bata de un tirón. Sus tetas pesadas y grandes cayeron libres, con pezones oscuros y tiesos. Me lancé a chuparlos con hambre, mordisqueando y succionando fuerte mientras mi mano bajaba entre sus muslos. Su coño estaba empapado, hinchado y chorreando. Deslicé dos dedos dentro sin esfuerzo, follándola con ellos mientras mi pulgar le rozaba el clítoris.
Laura gemía como una perra en celo y abrió más las piernas.
—Lame mi clítoris —me ordenó con voz ronca—. Cómeme el coño, Marcos.
La senté en el borde del sofá, me arrodillé y hundí la cara entre sus piernas. Lamí y chupé su clítoris hinchado, metiendo la lengua dentro de su coño caliente y saboreando sus jugos dulces y espesos. Laura me agarró del pelo y empujaba mi cabeza contra su sexo, moviendo las caderas.
—Así, sigue… me estás volviendo loca —jadeaba.
La puse a cuatro patas en el sofá, le subí la bata y admiré su culo carnoso y redondo. Le di varios azotes fuertes que dejaron marcas rojas y luego separé sus nalgas. Su coño brillaba, abierto y palpitante. Coloqué la cabeza de mi polla en su entrada y empujé de una sola vez hasta el fondo, enterrándome completo en su calor húmedo.
—Ahhh… ¡qué polla tan gruesa! —gritó de placer.
Empecé a follarla con fuerza, embistiéndola profundo y rápido. El sonido húmedo y obsceno de mi polla entrando y saliendo de su coño mojado llenaba toda la habitación. Sus tetas se balanceaban con cada golpe. Le metí un dedo en el culo mientras la penetraba y Laura se volvió salvaje.
—Más fuerte… ¡fóllame como una puta! —suplicaba.
Aceleré el ritmo, agarrándola fuerte de las caderas. Sus paredes me apretaban la polla con espasmos. De repente Laura empezó a temblar.
—Me estoy corriendo… ¡sigue, no pares! ¡No pares! —gritó mientras su coño se contraía violentamente alrededor de mi polla, corriéndose con fuerza y empapándome.
No aguanté más. Le di unas últimas embestidas brutales y me corrí dentro de ella, llenando su coño con chorros calientes y espesos de semen. Laura temblaba todavía de placer.
Apenas recuperamos el aliento, se dio la vuelta, se arrodilló y me metió la polla todavía dura y mojada en la boca. Me la chupó con ansia, lamiendo y tragando nuestra mezcla de jugos y semen, mirándome con ojos viciosos.
—Esto solo es el principio de la noche —dijo con una sonrisa sucia.
Esa aplicación se convirtió en mi vicio. Hubo noches salvajes con Sofía, una universitaria de 24 años que me cabalgó en el asiento de atrás de mi coche hasta empañar todos los cristales, gritando “¡me estoy corriendo!” mientras le llenaba la cara de leche. Y Elena, una madura de 51 años, que se sentaba en mi cara durante casi una hora pidiéndome “cómeme el coño” y “lame mi clítoris” sin parar, antes de rogarme que le follara el culo bien lubricado y profundo.
Cada encuentro era puro deseo animal: cuerpos sudados, gemidos, fluidos, azotes y orgasmos intensos sin ninguna vergüenza.

Por: © Mary Love

Nota de la autora:
"Las historias que cuento generalmente son ficciones sacadas de mi imaginación; algunas inspiradas en historias que me mandan mis seguidores. 
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¡GRACIAS POR LEERME!

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