Me aficione a los relatos eróticos con cincuenta sombras Grey


«Me está costando una barbaridad no follarte encima del capó de este coche ahora mismo, para demostrarte que eres mía y que, si quiero comprarte un puto coche, te compro un puto coche. Venga, vamos dentro y desnúdate.»

Esa frase de Cincuenta sombras de Grey me marcó para siempre. Desde que la leí, mi sexualidad dio un giro radical. Pasé de ser una jovencita tímida y sumisa de 21 años, con apenas dos novios inexpertos que no sabían follar, a convertirme en una mujer que disfruta dominando el placer y exigiendo lo que quiere.Todo cambió cuando conocí a Fernando. Moreno, guapo, con una sonrisa pícara y una barriguita que no le restaba atractivo. La primera vez que se me acercó fue en la parada del autobús. Mientras esperábamos, no podía dejar de mirar el bulto enorme que marcaban sus vaqueros ajustados. Se le notaba la polla gruesa incluso en reposo.
Subimos al bus y me senté en la última fila, casi vacía. Fernando se acomodó a mi lado. Durante el trayecto, mientras él hablaba y me hacía reír, yo solo podía pensar en cómo sería chupársela. Él se dio cuenta rápido.
—¿Te gustan mis pantalones o lo que hay dentro? —preguntó con una sonrisa.
Ruborizada, le confesé que estaba leyendo Cincuenta sombras de Grey y que me ponía muy cachonda. Fernando se acercó a mi oído y susurró:
—Pues yo ya la tengo medio dura solo de imaginarte.
Sin pensarlo dos veces, se bajó lentamente la cremallera mientras me miraba fijamente. Metió mi mano dentro y saqué su polla: gruesa, pesada, venosa y todavía creciendo. Olía a hombre, a deseo. Me agaché con cuidado, escondiéndome entre los asientos, y empecé a lamerle la punta hinchada, saboreando el líquido preseminal salado.
—Joder… —gruñó bajito.
Me la metí entera en la boca, chupando con hambre, moviendo la cabeza arriba y abajo mientras mi coño se empapaba. Era mucho más grande que las de mis ex. Apenas me cabía, me abría los labios y me llegaba casi hasta la garganta. La masturbaba con la mano mientras le lamía los huevos pesados.Fernando me agarró del pelo con suavidad y empujó un poco más. Cinco minutos después, se corrió con fuerza, inundándome la boca de semen espeso y caliente. Tragué todo, mirándolo a los ojos, sin desperdiciar ni una gota.
Cuando el bus llegó a mi parada, aún tenía el coño palpitando de excitación. Fernando me dio su número.
—Llámame. La próxima vez voy a comerte ese coño hasta que tiembles y luego te voy a follar como te mereces.
La segunda cita (escena explícita ampliada):Quedamos dos días después en su coche. Apenas cerramos la puerta del garaje, ya me tenía contra la pared. Me arrancó las bragas y se arrodilló.
Cómeme el coño, Fernando —le supliqué, abriéndole las piernas.
Su lengua caliente recorrió mis labios empapados, separándolos, y luego se concentró en mi clítoris hinchado. Lo lamía en círculos rápidos, succionando, metiendo dos dedos gruesos dentro de mí.
Lame mi clítoris, ¡así! —gemí, agarrándole la cabeza y frotándome contra su cara.
Estaba chorreando. Mi jugo le corría por la barbilla. Cuando introdujo un tercer dedo y succionó mi clítoris con fuerza, exploté.
¡Me estoy corriendo, sigue, no pares! ¡No pares, joder! —grité mientras mi coño se contraía alrededor de sus dedos y le inundaba la boca.
Fernando se levantó, sacó su polla dura como el acero y me penetró de un solo empujón profundo. Me folló con fuerza, sujetándome las nalgas, mientras yo le arañaba la espalda y le pedía más. Esa noche me corrí tres veces más antes de que él me llenara el coño de leche caliente.
Desde entonces, pasé de ser la chica tímida a la que domina el placer y vuelve locos a los hombres. Anastasia Steele es un corderito a mi lado.

Por: © Mary Love

📖 1001 Sombras de Mary Love

Nota de la autora:
"Las historias que cuento generalmente son ficciones sacadas de mi imaginación; algunas inspiradas en historias que me mandan mis seguidores. 
Si te ha gustado mi relato interactúa conmigo, deja un comentario. Puedes hacerlo como anónimo."
¡GRACIAS POR LEERME!

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