JAMAS ME había acostumbrado a las citas con el ginecólogo. El olor a desinfectante y las paredes blancas e impersonales de la consulta siempre lograban ponerme nerviosa, pero la peor parte era entrar y enfrentarme a él: el Doctor Lucas Rivera. Llevaba tres años asistiendo a su consulta, posponiendo citas solo para evitar la fuerte atracción que me consumía. Sus ojos azules penetrantes, enmarcados por largas pestañas oscuras, me hacían perder el hilo de cualquier conversación. Y sus manos… Dios, aquellas manos grandes, de dedos largos y hábiles. Prefería no imaginar cómo se sentirían recorriendo mi piel desnuda.
Hoy, con treinta y dos años recién cumplidos, la revisión sería más completa: un análisis citológico profundo. La sala de espera estaba vacía; yo era la última paciente de la mañana. Cuando la enfermera pronunció mi nombre, entré con aparente calma, aunque por dentro ardía.
El Doctor Lucas se levantó de su silla y se acercó. En lugar de un saludo formal, depositó un beso cálido y deliberado en mi mejilla. El roce de sus labios carnosos me provocó un escalofrío que bajó directamente hasta mi sexo.
—Elena, ¿Cómo estás? —preguntó con esa voz grave y ligeramente ronca que siempre me desarmaba.—Bien… todo va fenomenal —respondí acelerada, todavía sintiendo el calor de su boca.
Él levantó la mirada del historial y sonrió con picardía.
—Fenomenal —repitió, saboreando la palabra—. Hoy toca una exploración más profunda. ¿Sabes lo que significa?
Sus ojos azules se clavaron en los míos con intensidad. Tragué saliva.
—Que vas a llegar más a fondo… —murmuré, la imaginación ya desbocada.
Lucas reprimió una risa y señaló el vestidor.
—Quítate toda la ropa y ponte la bata, por favor.
Me desnudé con dedos temblorosos. Mi piel ya ardía de anticipación. Al tumbarme en la camilla con las piernas ligeramente abiertas, sentí cómo mi coño empezaba a humedecerse. Cuando sus manos enguantadas rozaron el interior de mis muslos, un gemido casi se me escapó. Estaba empapada. El guante se deslizó peligrosamente cerca de mis labios hinchados y mi clítoris palpitante.
De repente, los guantes desaparecieron. Abrí los ojos y lo encontré mirándome con hambre pura. Su mano desnuda, caliente y firme, subió por mi muslo. Antes de que pudiera hablar, su boca cubrió la mía. El beso empezó suave, pero pronto nuestras lenguas se enredaron con urgencia. Gemí contra sus labios mientras su mano ascendía hasta mi coño mojado.
—Doctor… Lucas… —jadeé.
—Shhh —susurró él, mordiendo mi labio inferior—. Llevo años queriendo hacer esto.
Sus dedos separaron mis labios vaginales y rozaron mi clítoris hinchado. Arqueé la espalda.
—Comeme mi coño —supliqué, la vergüenza completamente olvidada—. Por favor, lame mi clítoris.Lucas sonrió con lujuria y bajó entre mis piernas. Su lengua caliente y húmeda lamió lentamente mi rajita de abajo hacia arriba, deteniéndose en mi clítoris para chuparlo con fuerza. Gemí alto, agarrando su pelo oscuro.
—Así… lame mi clítoris, sí… ¡no pares! —grité.
Introdujo dos dedos gruesos en mi interior mientras su boca devoraba mi coño. Los movía en círculos, curvándolos para golpear ese punto que me hacía ver estrellas. Mi humedad chorreaba por su mano y por la camilla. Me estaba corriendo ya, pero él no se detuvo.
—Me estoy corriendo… ¡sigue, no pares! —grité mientras el orgasmo me sacudía con fuerza, contrayendo mi coño alrededor de sus dedos.
Apenas me recuperé cuando me incorporé y lo empujé hacia la camilla. Desabroché su camisa blanca con prisa, besando cada centímetro de su pecho musculoso. Bajé hasta su pantalón, liberando su polla dura y gruesa. Era perfecta: venosa, caliente, con la cabeza hinchada y brillante de precum.
La agarré con ambas manos y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando su sabor salado. Me la metí en la boca todo lo que pude, chupando con hambre mientras acariciaba sus bolas pesadas. Lucas gruñó, enredando sus dedos en mi pelo.
—Joder, Elena… tu boca es increíble.
Lo mamé con más fuerza, tragando profundo, babeando sobre su polla mientras lo miraba a los ojos. Luego me subí encima de él, frotando mi coño empapado contra su miembro duro.
—Fóllame, Lucas. Necesito tu polla dentro.
En un movimiento rápido me penetró hasta el fondo. Grité de placer. Su polla me llenaba completamente, estirándome deliciosamente. Empezó a embestir con fuerza, sujetando mis caderas mientras yo rebotaba sobre él.
—Más duro… ¡así! —gemí.
Cambiamos de posición. Me puso a cuatro patas sobre la camilla y me folló desde atrás con embestidas salvajes. Sus huevos chocaban contra mi clítoris con cada golpe. Tiró de mi pelo y mordió mi cuello.—Eres tan estrecha y mojada… —gruñó.
—Comeme el coño otra vez —pedí entre jadeos.
Me giró, abrió mis piernas al máximo y enterró su cara entre ellas. Su lengua follaba mi entrada mientras dos dedos masajeaban mi clítoris. Me corrí por segunda vez, gritando su nombre, empapando su boca con mis jugos.
Después me levantó contra la pared. Enrosqué mis piernas alrededor de su cintura. Su polla entró de un solo golpe profundo en mi coño, golpeando mis paredes vaginales.
—Lame mi clítoris mientras me follas —supliqué, aunque en esa postura era imposible. En cambio, metió una mano entre nosotros y frotó mi botón hinchado sin piedad.
—Estoy a punto… me estoy corriendo otra vez… ¡sigue, no pares! —grité mientras el tercer orgasmo me atravesaba.
Lucas me llevó de vuelta a la camilla, me puso las piernas sobre sus hombros y me penetró aún más profundo. Sus embestidas eran brutales y precisas. Sentía cada vena de su polla rozando mis paredes internas. Mis tetas rebotaban con cada golpe. Agarré sus nalgas duras, empujándolo más adentro.
—Quiero correrme contigo —jadeé.
Él aceleró, gruñendo como un animal. Su polla se hinchó aún más dentro de mí.
—Joder, Elena… me voy a correr.
—Lléname… córrete dentro.
Con un rugido final explotó, inundando mi coño con chorros calientes y espesos de semen. Sentí cada pulsación mientras mi propio orgasmo me hacía apretarlo con fuerza. Nos quedamos unidos, temblando, besándonos con desesperación.
Pero no había terminado. Después de unos minutos recuperando el aliento, Lucas me giró boca abajo y volvió a entrar en mí desde atrás, más lento esta vez, saboreando cada centímetro. Sus manos acariciaban mis pechos, pellizcando mis pezones sensibles. Me susurraba al oído lo mucho que había fantaseado con follarme en esa misma camilla, cómo se ponía duro cada vez que yo entraba a la consulta.
Volvimos a follar con pasión renovada: yo cabalgándolo salvajemente, él comiéndome el coño hasta dejarme sin fuerzas, yo mamándosela hasta que casi se corre en mi boca. Probamos todas las posiciones posibles en ese pequeño espacio. Mis jugos y su semen chorreaban por mis muslos. Perdí la cuenta de los orgasmos.
Finalmente, exhaustos y sudorosos, nos tumbamos en la camilla. Su polla aún semi-dura descansaba contra mi coño palpitante. Me besó suavemente, enredando sus dedos en mi pelo.
—Esto no puede ser la última vez —murmuró.
—Nunca —respondí, inhalando su aroma masculino—. Quiero que me folles en cada consulta.Permanecimos abrazados, respiraciones agitadas acompasándose, piel contra piel, sabiendo que habíamos cruzado una línea que ninguno de los dos quería volver atrás.
Por: © Mary Love
Nota de la autora:
"Las historias que cuento generalmente son ficciones sacadas de mi imaginación; algunas inspiradas en historias que me mandan mis seguidores.
Si te ha gustado mi relato interactúa conmigo, deja un comentario. Puedes hacerlo como anónimo."
¡GRACIAS POR LEERME!
(Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electro óptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito del autor/a)
"Las historias que cuento generalmente son ficciones sacadas de mi imaginación; algunas inspiradas en historias que me mandan mis seguidores.
Si te ha gustado mi relato interactúa conmigo, deja un comentario. Puedes hacerlo como anónimo."
¡GRACIAS POR LEERME!
(Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electro óptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito del autor/a)
👍 👎 💬

Me ha gustado este relato. He descubierto es pagina y soy aficionada a la literatura erótica, me encanta
ResponderEliminar